Breve anotación sobre el café

Dedico estas líneas a la bebida que ha facilitado la realización de los trabajos que en este blogs se publican. Seré breve.
Soy bebedor de café. Lo necesito. Un día que pinta de perros puede enfrentarse más fácilmente después de una taza de esa mágica droga legal.
Sin leche. Sin azucar. El verdadero café se bebe negro. Respeto a aquellos que aderezan su brebaje con toda clase de ocurrencias, pero no puedo evitar sentir pena por sus mediocres vidas.
¿Y desde cuándo se supone que el café debe servirse tibio? Después de varias amargas (ja) experiencias, no me ha quedado más remedio que aclararle a la señorita de la caja registradora que deseo mi café CALIENTE. Ella, invariablemente, me mira como si hubiera llegado en un platillo volador. Mi razonamiento en estos casos es simple: si me sirven un café muy caliente, puedo esperar cinco minutos y su temperatura habrá bajado. Si me sirven un café frío, podré esperar toda la eternidad y el hijo de puta no se calentará.
Y, por último: Café soluble=Kool Aid. Entiéndanlo. Por el amor de Dios, entiéndanlo. Pedir un café y recibir a cambio un vaso de agua caliente y un frasco de Nescafé representa un insulto tan grande que me hace cambiar mi postura con respecto a la pena de muerte.
Ahora conocen el Mensaje. Vayan y divúlguenlo.


Too Much Coffee Man, de Dark Horse, mi clase de héroe.

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